Microrrelatos

Temporada 2023-2024

Invasión

escrito por María del Mar Saldaña

Hay que saber decir las cosas. Uno no puede ir por ahí contando e imponiendo las decisiones que ha tomado en su vida y pretender que, al interlocutor que está a la escucha, no le impresionen en absoluto. Pues sí, este tipo de confesiones perturban. Sobre todo si, de forma indirecta, afectan al oyente. ¡Cómo me ha pasado a mí hace unos días! Resulta que mi mejor amigo y compañero de piso, Carlos, fiel defensor y protector de los animales, ha adoptado un perro con seis patas. A ver, que yo no estoy en contra de los acogimientos… ¡Pero con seis patas! ¿A dónde vamos a llegar? ¿Quién ha visto esto? Sé que estarás pensando que soy un insensible o que tengo zoofobia. ¡Nada más lejos de la realidad! Únicamente es que no me salen las cuentas. Si el can duerme en su habitación… ¿dónde lo harán las seis patas?

A-tajo

escrito por María del Mar Saldaña

Suelo padecer de insomnio, por lo que las noches en las que no puedo dormir bajo al bar de la esquina y, mientras me tomo una infusión, disfruto de las conversaciones absurdas de los borrachos de última hora. A veces las tonterías de las que hablan me sirven como ideas para inventar nuevas historias, quiero ser escritora. Aunque, lo habitual, es que carezcan de lenguaje y coherencia, lo cual me ayuda a conciliar el sueño. Sin embargo, desde que escuché a dos achispados relacionar el talento literario con la mutilación, llevo varios días perturbada.

—Cervantes era manco y escribió «El Quijote».

—¡Y Quevedo publicó «Los Sueños» y nació cojo!

—Está claro que, para ser un genio de la literatura, tienes que carecer de una extremidad.

Ahora me desangro sobre la mesa de la cocina, incapaz de coger el teléfono, de marcar el número de urgencias. ¡Deseaba tanto el éxito narrativo!

Surrealismo

escrito por María del Mar Saldaña

Fue hablando con un cliente, cuando me percaté que había perdido todo el conocimiento que llevaba acumulando desde hacía más de veinte años en el oficio de vendedor de coches de lujo. De pronto, no sabía cuántos caballos tenía el Ferrari o qué velocidad alcanzaba el Maserati, por lo que no tuve más remedio que volver a casa, asustado, para ver si me había dejado allí la experiencia y el saber laboral. Busqué en la cama, en la ducha, en la cocina, incluso en el trastero, pero allí no estaban. Lo había perdido todo. Así que me dispuse a redactar mi carta de renuncia. Cogí un folio y varios lápices pero, lejos de escribir, mi mano trazó a su antojo cuatro líneas y varios puntos, los cuales se me antojaron un Miró. «La culpa es tuya». Me increpó mi esposa temiendo la ruina absoluta. «El otro día deseaste ser artista».

Sucesos

escrito por María del Mar Saldaña

El otro día leí en el periódico una noticia asombrosa. Al parecer, un alpinista, desaparecido hacía más de treinta años, fue encontrado, a causa del deshielo, en las cumbres del Himalaya, en perfecto estado de conservación. Tras proceder a su identificación, el equipo de rescate trasladó el cuerpo al Instituto Forense, suponiendo que cuando aquel sólido se derritiera, el cadáver podría ser atendido para su autopsia. ¡Nada más lejos de la realidad! En cuanto el hielo desapareció, aquel hombre volvió a la vida como si nada, constituyendo una alegría para él y su familia, la cual nunca había perdido la esperanza. No pude evitar acordarme de mi marido, y del día que fue a por tabaco y volvió tres años después. No me dejó más opción que encerrarlo en el congelador. Ahora no paro de darle vueltas a la posibilidad de descongelarlo, el problema es que está cortado a cachitos.

Soluciones

escrito por María del Mar Saldaña

Mi mujer y yo nos llevamos fatal. Siempre estamos discutiendo por cualquier tontería. Tanto es así que, si algún día llegamos a la hora de la cena sin habernos increpado un poco, hacemos el esfuerzo para reavivar la guerra marital y poder acostarnos a gusto. El caso es que, la pobre, de estar todos los días vociferando, sufre cada vez más de la faringe y, estoy empezando a preocuparme, pues veo peligrar las riñas diarias. De casualidad, la otra tarde, escuché en la radio que las afecciones de garganta, según la biodescodificación, son consecuencia de reprimir sentimientos y no expresar lo que verdaderamente queremos decir. De manera que, en vez de enfadarnos y suministrarnos improperios y algún que otro insulto, hemos decidido que vamos a gritarnos las verdades. Ahora nuestras disputas son mucho más prácticas y sonoras. «Te quiero mucho». Me reprende. «¡Pues yo te quiero más!» Le contesto enfurecido.

Animal

escrito por María del Mar Saldaña

Como todas las mañanas, antes de irse a trabajar, bajó temprano al perro. Recorrió el itinerario habitual: una vuelta a la manzana; terminando en la misma farola que daba por concluido el paseo perruno matutino. Un anuncio, colocado con cinta adhesiva en el cuerpo del alumbrado, llamó poderosamente su atención. Aún adormilado, entornó varias veces los ojos para comprobar que lo que estaba leyendo era real: «PASEO ANCIANOS. 30 minutos al día. Zonas soleadas y bien pavimentadas. Económico. Interesados llamar al número de teléfono indicado». De súbito, se imaginó al propietario de aquella oferta de empleo paseando a los viejitos de la zona, cual adiestrador canino, atados con correas y amordazados con cualquier bozal. Acto seguido, la imagen en su cabeza se tornó aún más aterradora, viéndose con cuarenta años de más, siendo la mascota a la que pasear. Y, en un momento de lucidez, entendió eso de la deshumanización.

Del dicho al hecho…

escrito por María del Mar Saldaña

Mi abuelo era un tipo peculiar, con una actitud seria y seca, según mi madre, curtida a lo largo de los años que había pasado trabajando en el campo. He de reconocer, que a veces daba bastante miedo, siempre sentado en la silla de esparto, con el semblante iracundo y el cigarrillo en la comisura de los labios, inmóvil, callado, vigilante. Hasta cuando estaba de buen humor infundía un respeto casi aterrador, pues no sabías si tras la sonrisa vendría una colleja o viceversa. Nunca hablaba, excepto para comentar cualquier situación de importancia, expresándose siempre con un escueto refrán. A mí me marcó el de «preguntando se llega a Roma». Quizás me generó ese impacto, porque me lo dedicó una tarde de verano en la que me perdí por el pueblo. Desde entonces, me da pánico preguntar cualquier cosa, no vaya a ser que termine divagando por la ciudad italiana.

abuelo

Perder la Cabeza

escrito por María del Mar Saldaña

Parecían un matrimonio bien avenido. Su exquisita educación y gustos refinados vislumbraban una economía saludable. Todos los años, la pareja, disfrutaba de las vacaciones de verano viajando a destinos espectaculares: África, Japón, Australia… Escapadas que se habían convertido en una parte esencial de su relación, ya que avivaban la chispa que la rutina apagaba durante el resto del año. Aunque meses atrás él había sido afectado por un ERTE y ella se había visto obligada a cerrar su negocio por la crisis, no cejaron en su empeño de seguir viendo mundo. Era prioritario para eludir el divorcio. El problema residía en que, por primera vez en su vida marital, solo disponían de liquidez para uno. Así que al hombre se le ocurrió, al ser más menudo, introducirse por partes en varias maletas, viajando así, de gorra, a cualquier destino. Nunca barajaron la posibilidad de que la compañía perdiera el equipaje.

Perder la Cabeza

Ofensas

escrito por María del Mar Saldaña

La otra tarde, me encontraba tomando un digestivo en la cafetería habitual cuando, de súbito, dos tipos se sentaron en la mesa de al lado y comenzaron a hablar acaloradamente. No soy de prestar atención a las confidencias ajenas, pero el tono y el volumen de sus voces eran tan altos y claros, que fue imposible no seguir la conversación. Pertenecían al gremio de la hostelería, cocineros de alto copete, y estaban muy disgustados, escupiendo sapos y culebras por sus delicados paladares y refinadas bocas, a raíz de un comentario culinario que, cito literalmente, «algún inútil sin sentido gastronómico» había escrito de forma anónima en la sección de cocina de uno de los periódicos más importantes y leídos del país.

Una vez se marcharon, cogí el rotativo y busqué aquel texto para leerlo. Sinceramente, no me pareció tan agravante, y eso que olvidé mencionar lo seco que estaba el pollo.

Ofensas

Progresos

escrito por María del Mar Saldaña

Nadie piensa en las consecuencias de las distracciones actuales, pues como bien nos adiestran, pasamos gran parte de nuestro tiempo engañados en necesidades inventadas y superfluas que hemos tomado como verdades verdaderas. Antaño era la televisión, ahora el teléfono móvil se encarga de esta función, aportando todo tipo de entretenimientos capaces de alejarnos de nuestra vida y sumergirnos en una dimensión paralela. Está todo tan bien orquestado, que somos incapaces de vislumbrar el peligro que comprenden estos cantos de sirena, provistos de graves efectos secundarios. Y si no… ¡Que me lo digan a mí! Ayer, para apaciguar el berrinche de mi hijo de dos años en mitad de la cafetería, le puse en el dispositivo los dibujos animados. No sé cómo ocurrió, es algo inexplicable, pero cuando me dispuse a pagar la cuenta, me percaté de que el niño había crecido unos veinte años. Sorprendentemente pasaron así, como si nada.

Toma de Posesión

escrito por María del Mar Saldaña

Todos creen que soy un escritor de éxito porque dispongo de un amplio palmarés de premios literarios, distinciones universitarias y hasta un nobel. Pero no se dejen engañar, todas esas obras son un facsímil de otra dimensión, un plagio que va mucho más allá de lo que usted y yo podamos entender. Se lo explico. Cuando me siento frente al escritorio, al ordenador y al procesador de textos, comienzo a teclear las letras con el concepto claro de aquello que quiero expresar. Pero al cabo de unos minutos, una voz se instala en mi cabeza y comienza a dictarme las historias que, según ella, tengo que escribir. Alguna vez he querido introducir mis ideas, pero nunca me deja participar. Es muy intransigente. Por ello, lejos de la falsa modestia, afirmo que esos premios no me pertenecen. Pero nadie me cree. ¡Qué vergüenza! Poseído por una voz fantasma. ¡Soy un fraude!

Wayang Kulit

escrito por María del Mar Saldaña

Aquel tipo con pasamontañas y gabardina, irrumpió de súbito en la sala. Metralleta en mano, gritó con tono amenazante y autoritario «¡todos al suelo, esto es un atraco!».

Los presentes, sin oponer resistencia, nos acostamos boca abajo.

El ladrón se fue acercando, con una mezcla de tranquilidad y premura, a cada una de sus víctimas. Nosotros apretábamos fuertemente los ojos, como si así pudiéramos evitar ser asaltados o hacer desaparecer a aquel delincuente.

El robo duró algo menos de cinco minutos. Fue rápido, sin violencia y algo extraño, pues ninguno echamos en falta nada material. A simple vista, todo parecía estar en orden.

No fue hasta varios días después, disfrutando de un espectáculo teatral de origen indonesio, cuando advertí la gravedad del asunto.

Al abrirse el telón, allí estaba, la reconocí enseguida. Tras la sábana blanca, aquella silueta negra actuaba sin percatarse de la separación. Me habían robado mi sombra.

Amistades

escrito por María del Mar Saldaña

La otra tarde, paseaba solo y aburrido por el parque cuando, de súbito, me asaltó al paso un individuo.

—¡Hombre! ¡Julián!

Y me abrazó de forma tan efusiva, que sentí su alegría, nostalgia y afecto penetrar por todo mi cuerpo.

—¿Cuánto hace? ¿Quince, veinte años? —comentó cariñoso—. ¿Cómo estás?

Con una amplia sonrisa le contesté que muy bien.

—La verdad es que estás fantástico —apreció con sinceridad.

Sin entrar en más detalles, me interesé por él, por su vida, su familia, el trabajo… Estuvimos hablando un buen rato. Bueno, más él que yo. Hasta que decidimos quedar otro día, pues llegaba tarde a una reunión y no podía entretenerse.

—Pásate por el despacho, pregunta por mí y concretamos un encuentro.

El caso es que no sé cómo voy a contactarlo. Desconozco dónde queda su oficina. Ni cómo se llama. Ni quién es ese Julián con el que me ha confundido.

Composición Familiar

escrito por María del Mar Saldaña

Cuando me llamaron para comunicarme la muerte del tío Evaristo me quedé sorprendido, ya que desconocía su existencia hasta ese momento. Al parecer, nos encontrábamos en algún punto alejado de la línea parental y, al no tener descendencia, por sucesión colateral, el estado y el grado de consanguinidad me otorgaban el derecho a heredar sus pertenencias.

El notario reveló el testamento, entregándome como legítima una pequeña caja de madera. «¿Ya está?» Pregunté desilusionado. «Eso es todo.»

La decepción y, por qué no decirlo, también la frustración ante las expectativas que me había generado, hicieron que la herencia permaneciera semanas sobre la mesa del comedor, cerrada, abandonada. Hasta que la curiosidad apareció un día, por casualidad, y me dispuse a abrirla, encontrándome, de súbito, con un pulgar. Obviamente, bajé al sótano y se lo cosí a la mano. ¡Perfecto! Sin duda, era la última pieza que faltaba para recomponer al abuelo.

Bajo Voltaje

escrito por María del Mar Saldaña

Cuando alguien me pregunta a qué me dedico, suelo tergiversar un poco la realidad. No es que me agrade engañar a las personas, pero en cierto modo creo que, si tuviera que explicar cuáles son mis verdaderas funciones, se ofenderían mucho más, así que les cuento que trabajo en una distribuidora energética y todos tan contentos.

Aunque la realidad se asemeja a la mentira, no tiene nada que ver un oficio con otro. En una eléctrica estaría vendiendo energía, sin embargo, mi tarea es prácticamente lo contrario, eliminarla. Y es que la gente me contrata para acabar con la positividad y el optimismo de sus allegados y conocidos.

Mi labor es sencilla. Quedo con ellos en un sitio mediocre, de ambiente lúgubre. Una vez allí, comienzo a quejarme, a quitarle solución a todos los problemas y hacerles ver el lado oscuro de la vida. Nunca termino hasta dejarlos sin batería.

Antagonistas

escrito por María del Mar Saldaña

—¿Y tú quién eres? —curioseó.

—¿Yo? ¡Un niño!

—¿Cómo has llegado hasta aquí?

—No lo sé…

—Mira, pequeño —dijo con la arrogancia que le caracterizaba—, llevo aquí millones, billones, trillones, infinitos años, y nunca antes había visto algo semejante. ¿Cómo has entrado? ¿Por qué has venido?

El chiquillo no contestó, quedándose absorto, observando el paisaje que había a su alrededor, entremezclando sentimientos de ilusión y peligro, extrañas emociones difíciles de describir.

Sin embargo, aquel astuto sinvergüenza, reaccionó con rapidez. Siempre había terminado mal, en todas las historias de su vida, era la constante. Así que, sin pensarlo dos veces, advirtiendo la oportunidad, y sin miradas indiscretas, lo hizo. Abrió la boca y… ¡Zas! ¡Se lo comió!

Lo más terrorífico de todo, fue que no dejó rastro de su hazaña.

A la mañana siguiente, sobre la cama, solo encontraron un ejemplar de Caperucita Roja, Jaime no estaba, había desaparecido. Para siempre.

Trasnochar

escrito por María del Mar Saldaña

Existen unas investigaciones científicas asegurando que, para que el sueño sea profundo, continuado y reparador, se han de dejar de utilizar los dispositivos electrónicos al menos dos horas antes de irse a dormir. Esta teoría suelo comprobarla todas las noches pues, desde que aparecieron los teléfonos móviles, sufro de insomnio crónico. No es hasta las cinco de la madrugada cuando entro en la fase REM, por lo que dispongo de varias horas para deambular por la vivienda antes de irme a la cama. No sé por qué, pero la primera noche que mi esposa me pilló levantado, me hice el sonámbulo. Desde entonces, cree ciegamente que me despierto dormido. Al principio me gustó esa sensación de estar a mi aire, solo, sin estarlo. Pero las tornas han cambiado. Y ahora es ella la que pasa las noches sintiéndose “sola en casa”, bueno, sola no, en compañía del vecino de enfrente.

Amor Platónico

escrito por María del Mar Saldaña

El otro día, me encontraba comprando en el supermercado, reflexionando entre las teorías de Sócrates y Aristóteles, cuando una voz, femenina, desconocida para mí, irrumpió en mi cabeza.

—¿Y Platón? —preguntó—. Entremedio de estos razonamientos.

Alarmado por esta invasión mental e íntima, comencé a observar, con disimulo, a las personas de mi alrededor, intentando localizar a la entrometida.

—Derecha —reía juguetona al haberse percatado de mi intención—. ¡No, tonto, frente a los yogures!

Y allí la descubrí, atractiva, sonriente, perfecta…

Comenzamos a dialogar telepáticamente sobre el propósito de la vida y otras éticas trascendentales. Para mi desgracia, estaba casada, con un tipo alto y bastante fuerte, el cual la acompañaba. Me confesó que era muy celoso y que le tenía prohibido hablar con otros hombres, por lo que aprendió a desarrollar la capacidad de meterse en la cabeza del género masculino.

Desde entonces, cuando nos encontramos, filosofamos sin parar desenfrenadamente.

Marcha Atrás

escrito por María del Mar Saldaña

Ya lo venían avisando los psicólogos hace años. Incluso en las noticias alertan de este hecho en cuanto llega el mes de junio. Y es que, las vacaciones de verano, lejos de ser idílicas y relajadas, son la época en la que se producen más divorcios en nuestro país. ¡Ojo! ¡Con datos contrastados en el registro civil! Y todo ello debido al estrés que genera pasar tanto tiempo con el cónyuge, los hijos y demás parientes. ¡Y digo yo! ¿No podrían haberse inventado otras festividades para descansar de los veraneos familiares? A lo mejor así, estas crisis se podrían solventar de forma más liviana y no dar lugar a situaciones insólitas propias de los ataques de histeria.

Hace un rato, escuché en la radio como un padre y sus dos hijos habían sido abandonados en la cuneta, a la altura de Despeñaperros.

¡Qué pena!

¡Ahora tendré que volver a recogerlos!

Premeditación

escrito por María del Mar Saldaña

Nunca se había preocupado por la adquisición de un seguro de decesos, hasta que su mejor amigo falleció inesperadamente y se encontró, por la falta de esta prestación, con multitud de trámites burocráticos y costosos que podría haberse ahorrado si el difunto hubiera sido cliente de estos servicios. Por lo que se planteó contratar uno y, evitar así, en caso de muerte súbita, todos los trámites que la extinción conlleva.

Pensando que resultaría más rápido y eficaz, optó por realizar la gestión vía telefónica.

—Ha llamado a La Parca Seguros —respondió un fúnebre contestador—. Si quiere morir dentro de un mes, marque uno. Si su deseo es perecer en esta semana, pulse dos. Si pretende fallecer durante el día de hoy, marque tres. Para hablar con San Pedro, manténgase a la espera.

Le resultó todo tan sencillo, que pulsó el tres. Ahora solo le quedaba esperar que la parca llegara.

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