Fagocitadora de géneros, la plataforma Netflix ha presentado este invierno una nueva propuesta de cine musical. Nos hemos enfrentado a “tick, tick… Boom!” con no poco resquemor: esta primavera se lanzó “En un barrio de Nueva York”, película celebradísima por público y crítica que nos pareció de un sopor y un metraje intolerables, y su ¿partitura?, una estafa sin posiblidad de redención firmada por Lin-Manuel Miranda, director de esta “tick, tick… Boom!”. Afortunadamente para todos, Miranda cierra temporalmente la tapa del piano (ojalá se pille los dedos), y aquí de la música se ocupa a título póstumo Jonathan Larson, compositor del clásico y un millón de veces llevado a escena “Rent”, y cuya prematura muerte privó a los amantes del teatro musical de una figura de extraordinaria valía, heredero de gigantes como Stephen Sondheim, que se le acaba de reunir en la nada. Son precisamente las canciones de Larson las que salen al rescate de este guión no especialmente original ni novedoso, que nos cuenta, una vez más, las dificultades de todo tipo que plantea la elección de la creación artística como leitmotiv casi sacerdotal.

 
 
poster tick tick

 

Con la absoluta omnipresencia de Andrew Garfield en el papel de Larson, la tendencia al exceso de este joven y talentoso actor consigue que por momentos nos distanciemos de la historia. No nos gusta ver las costuras del intérprete. Así nos sucedió con “Mainstream”, esta película sobre las redes sociales y su antropofagia que Garfield estrenó el año pasado, y que despertó en nosotros el deseo de sacarnos los ojos para evitar tanta fealdad como talento para dar al traste con un guión muy atractivo sobre el tapete. Andrew Garfield canta, baila y hace pucheros con toda solvencia en esta película musical sin números verdaderamente memorables, pero que sí alberga un corazón bajo el pecho capaz de suscitar en el espectador ciertos momentos de emoción y simpatía por el protagonista y su algo diluida galería de personajes (el telón de fondo de los primeros casos de sida apenas logra despertar el interés propuesto). Resulta especialmente atractiva la exposición de la cultura del mecenazgo en la jungla artística de Nueva York, que favorece la acción dramática e imprime ritmo a un guión que no puede evitar tropezar en algunas reiteraciones. Se deja ver con agrado, es cierto, pero de ¡boom!, nada de nada. Lo mejor es el recuerdo al malogrado genio de Jonathan Larson, o sea, el disco.

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto de Paka Romero

Antonio de la Trinidad Ruiz

Almería, 1972. Escritor desde chico, después de pasar un puñado de años dedicado a la prensa escrita, fundó junto a otros compañeros de la escena almeriense la compañía “Luna Roja Teatro”, labor en la que está actualmente inmerso. Apasionado del cine y sus sobrepujantes meandros televisivos, ocupa algunas de sus horas en comentar mediante la letra tanto los veteranos como los nuevos títulos que se incorporan a un catálogo universal e inabarcable.

 
 

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